
Siempre he visto la maternidad como cosa de otras mujeres. Hablar de tener hijos solo ha sido como una hipótesis, nunca lo he sentido ni lo he deseado realmente, y cuando oigo a la gente decir que una mujer solo se puede sentir realmente realizada cuando ha vivido la experiencia de la maternidad, me parece una absurdez de tomo y lomo.
No creo, o mejor dicho, estoy segura de que no estoy preparada para algo así, algo de semejante magnitud, tener la vida, el futuro de una persona en mis manos, su felicidad, su educación, su salud… su vida!. No, no creo que lo esté, y realmente dudo que algún día lo esté.
Bajo mi modo de ver las cosas, son necesarias ciertas cualidades de las cuales yo no ando sobrada, paciencia sería una, y valor, por cientos de millones de kilos, otra.
Me cuestionaría constantemente cada paso, cada decisión, ¿cómo se protege a un hijo de las miserias del mundo? ¿cómo se le educa? ¿cómo se le ayuda a crecer como persona? ¿cómo…… . Aquí aparecería Pepito Grillo diciéndome: “no serás la primera ni la última mujer del mundo en hacerte esas preguntas ni en tener esos miedos”. Y yo seré una cobarde, pero creo que habría que hacerse esas preguntas y muchas más antes de crear una nueva vida.
Nunca me he podido imaginar siendo madre, quizá haya en ello también una parte importante de egoísmo, ¿estaría dispuesta a sacrificar ciertas cosas por ello?, más concretamente esta libertad (relativa) de la cual disfruto ahora mismo. Esto puede sonar tremendamente egoísta, pero es otra de esas cosas importantes dignas de cuestión, que demasiada gente ni se atreve a plantearse, y que solo ven cuando ya es demasiado tarde, y con la vida de una persona no se juega, no.
Quizá solamente me planteo esta serie de gilipolleces porque, efectivamente, no estoy preparada, ni es el momento, ni lo siento ni lo deseo, pero algunas veces, muy de tarde en tarde, sucede algo dentro de mí, que no sé si es físico o psicológico y que no sabría como explicar, pero hace que ese cuestionado “instinto maternal” se despierte, y me grite, y me haga desear desde lo más profundo y de un modo bestial hacerlo, crear una vida, un cachito de mi, y sentirlo en mis brazos y verle parpadear, sonreír, respirar mientras duerme, crecer, vivir…
Hoy en el metro se sentó a mi lado una señora con un bebé en brazos y sucedió, y no pude remediar mirar esa preciosidad con una sonrisa de oreja a oreja y cara de lela, mientras sentía como se me humedecían los ojos y como me gustaría ser yo la que llevaba ese bebé en mis brazos
Y será solo que me están traicionando las hormonas, pero llevo todo el día a vueltas con mi “instinto”.